Bebo Valdés: Instantes de una vida

Recordamos algunos instantes de la larga y fructífera vida del pianista Bebo Valdés

Década de los 20 en Cuba: “Mi primer piano me lo compró mi madre con un premio de lotería”

Cinco pesos cubanos ganados en la lotería provocó que el pequeño Bebo Valdés visitase con su madre  una ferretería para buscar un piano de segunda mano. Costó tres pesos,  era un piano viejo y  malo, pero era un piano. El camión costó 90 centavos y con el resto hicieron una fiesta. Pocos años después Bebo ya era pianista profesional siendo todavía un adolescente.

Imagen característica de Bebo Valdés delante de un piano

El 26 de Octubre Bebo Valdés abandonó Cuba con la excusa de un contrato para tocar en México. Le obligaron a firmar un documento en el que ponía “Viva la Revolución”. A pesar de estar en contra, lo firmó para poder salir. Su negativa en apoyar al régimen de Fidel le había granjeado numerosas enemistades y sintió que debía irse. Pensó que en el plazo de un año estaría de vuelta y así se lo dijo a su familia la noche antes de partir. “Tú y yo no nos volveremos a ver nunca “ le contestó su padre. Cuando llegó a México besó la tierra y juró que no volvería a Cuba mientras siguiera ese sistema.

Año 1963 Suecia: “Tenía cinco hijos reconocidos en Cuba pero nunca me había casado. En Suecia conocí a una mujer joven y bellísima”.

A su llegada a Suecia, Bebo tenía casi 45 años y era un mujeriego empedernido. Sus actuaciones junto los Lecuona Cuban Boys eran todo un éxito y atraían a muchas jóvenes interesadas por los exóticos músicos. En un concurso de belleza en el que tocaba con la banda conoció a Rose Marie y juntos superaron la diferencia de edad y la mezcla racial que, por entonces, no existía en Suecia. Juntos y con el apoyo de la madre de la joven, que era una entusiasta de Nat King Cole, un artista con el que Bebo había trabajado a finales de la década de los 50.

Año 1978 Nueva York: “Llevaba 18 sin ver a mi hijo Chucho. Él tocaba en Nueva York. Cuando nos vimos, fue como ver a un desconocido. Chucho tenía miedo porque mi nombre estaba prohibido en Cuba. Pero era un padre que volvía a ver su hijo: fue muy emocionante”.

L a reunión fue en presencia de un comisario político que acompañaba a la banda Irakere en la que estaba Paquito D’Rivera y en la que estaba enrolado Chucho Valdés. Desde que había salido de la isla, Bebo no había vuelto a hablar con él. El encuentro se produjo tras el concierto de la banda en el Carnegie Hall neoyorquino.

 Año 1994 Suecia: “Mi vida ha sido de ostracismo en Suecia, tocando en hoteles, hasta que me llamó Paquito D’Rivera en 1994 para grabar el disco “Bebo Rides Again”

Bebo nunca se terminó de acostumbrar a la vida en Suecia. Durante los primeros siete años estuvo de gira constantemente. Tocaba en hoteles y resturantes, solo hasta las doce la noche, y casi nada de música cubana. Le pedían pop y versiones de Beatles o Elvis Presley. Estuvo a punto de ponerse a trabajar como taxista. El saxofonista Paquito D’Rivera le llamó para la grabación realizada en 1994 y allí apareció un Bebo Valdés de 76 años que no había perdido nada de frescura pese a los 30 años pasados en Suecia.


Cartel del documental Calle 54 de Fernando TruebaAño 1999 Suecia: “Aunque él no lo quiere reconocer, Fernando Trueba también es un músico”

En 1999 Fernando Trueba viajó a Suecia para filmar por primera vez a Bebo como parte de material que luego integraría la película documental Calle 54. La sintonía entre ambos fue total desde el primer momento y, de hecho, Trueba llama a una parte de su vida “los años Bebo”. Mano a mano trabajarían también en el disco Lágrimas Negras, en 2004 en el documental El Milagro de Candeal (junto al percusionista brasileño Carlinhos Brown) y en la película de animación Chico y Rita de 2010.

Año 2003: “Lágrimas Negras”:  “Tú canta como un gitano que eres, que yo tocaré como un cubano que soy”.

En la grabación de Lágrimas Negras, Diego el Cigala confiesa que no sabía casi nada de los ritmos cubanos y se dejó Portada de Lágrimas Negras, el disco publicado por el pianista Bebo Valdés y el cantaor Diego el Cigalallevar por su intuición. Bebo le abrió los ojos y volcó en él toda su sabiduría musical. El cantaor confiesa que aprendía de él día a día de todo lo que le hablaba y de los consejos que le daba sobre la vida que debía llevar. Fernando Trueba siempre ha reconocido que buscó, en esa reunión de ambos artistas, simplemente pasarlo bien. Durante la grabación, ni siquiera había un sello discográfico que lo fuera a publicar. New York Times lo eligió como el mejor disco de aquel año.

Noviembre de 2005 Benalmádena: “Yo quiero seguir tocando hasta que me muera”

A finales de 2005 Bebo Valdés y su mujer se trasladan a un piso cercano a Benalmádena. La luz de la Costa del Sol no le impide, con los años, añorar su vida en Suecia, cerca de sus hijos y sus nietas. En sus últimos años luchó contra el Alzheimer. En verano de 2012 falleció Rose Marie, su compañera y alma gemela de las últimas cinco décadas. Pocos meses después, sus dos hijos suecos decidieron volver con él a su país ante el agravamiento de su estado de salud. Cuentan que ésta fue, siempre,  una de sus peticiones: “No quiero lloradera cuando me muera. Escuchen un disco mío, compren ron y chocolate, y bailen”.


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